miércoles, 29 de julio de 2009

LA NOCHE QUE NAZARENA LLORÓ (UNA VEZ MÁS)

Se encontraron en el Corralón. Gerardo estaba cenando con un politico (ejem) y entro esha, cuando lo vio se le empalideció el rostro,se sento dandole la espalda.

Cuando se retiro el geronte esha sa puso a llorar (no jodas...?).

Se vendra la reconciliacion tan esperada? (por quien....?)

6 comentarios:

Penelope dijo...

que necesitados de prensa que estan estos dos!

Anónimo dijo...

Amo a Sofovich, y lo admiro, innegable su trayectoria, pero si vuelve con la cìnica sinverguenza juro que la mando a pèrdida

Anónimo dijo...

SOFOVICH MERECE RESPETO NO ME GUSTA TODO DE EL,ESPERO QUE NO PIERDA SU DIGNIDAD QUE ASCO COMO DICE LA MENTIROSA MAS GRANDE DEL PAIS, SI VUELVE CON ELLA

Esteban dijo...

todo por un poco de prensa..
saludos
Esteban

EL HAMBRE Y LAS GANAS DE COMER dijo...

Se juntaron. Era previsible. Las necesidades los unían. Una que tiene hambre. Que es un ancho falso, pero que alguna vez se asemejó a uno de espada. O por lo menos el de basto. Que se creyó el verso de la diva en potencia.

A quien Moria la definió, con su quirurgica mirada, como la que se acerca a ese divismo sólo levantándose a sus ex. Por ella y Susana, estrellas de verdad.

Si su talento estuviera a la par de su capacidad de escándalos de cualquier tipo estaríamos ante un fenómeno indiscutido.

Pero como en los cuentos, al final el príncipe se volvió a convertir en sapo. Como el que se comió -y se seguirá comiendo mientras dure el capricho de su patrón de estancia- en el teatro cuando se atrevió a encabezar como única figura.

El público le dio la espalda. El mismo que se ríe y siente vergüenza ajena ante cada una de sus patéticas apariciones en los medios.

Ninguno de esos paga una entrada para verla chocarse con los muebles sobre un escenario o hacer el papel de ella misma. Tampoco en la tele, donde cada una de sus apariciones hunde aún más al Titanic de Canal 9. Así le va.

Puede darse el lujo de decir que su nombre encabeza un fracaso en la calle Corrientes. Es verdad, el primero como protagonista absoluta. Pero le puede pedir consejo al otro, al que tiene ganas de comer, que ya se atragantó con varios en los últimos años. En teatro y en televisión, como para demostrar que alguna vez fue un grande y nadie le avisó que la cuerda se le está acabando.

El que tiene hambre vivió el año pasado de las migajas que le tiraba Marcelo Tinelli, exitoso de verdad. De hacer de segundo, de claque, de extra en un programa.

Pero sin la gracia de Javier Portales, un segundo que aceptaba con orgullo ese lugar y jugaba para el Negro Olmedo. El, que siempre dijo ser un número uno. Es el hambre de la gloria perdida, de no encontrar su propio lugar en el medio y mendigar un espacio en cuanto programa clase B se le cruza en el camino.

Tener hambre y saber que su nombre no figura en el menú de ningún programador. Y de figurar sería un plato alternativo, ese guiso de filiación dudosa, esa albóndiga de donantes sospechosos, el más barato, el de última.

Tener hambre y saber que, para lograr apoyar otra vez su otrora poderoso culo con Tinelli tendrá que bajarse los pantalones. Pequeña venganza que se tomara el Cabezón, denostado por el padrino (Retiro Efectivo) en los comienzos de su carrera.


Tener hambre y sentirse solo, fané y descangayado. Sin nadie al lado y con el aliento en la nuca de un fracaso detrás de otro. Por eso se juntaron. Porque hay una ley no escrita que dice que siempre se junta el hambre con las ganas de comer. Esta no podía ser la excepción. Pero como decía el general, "se vuelve de todo menos del ridículo". Y estos dos ya tienen pasaje de ida.

Anónimo dijo...

Muy bien Rial...cantaste la justa.